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REFLEXIÓN

Claudia: Texto

En este libro he podido aprender más sobre los sentidos desde un punto de vista fisiológico. Como hemos podido observar, los sentidos son los encargados de absorber y registrar los diferentes estímulos y no podemos dividirlos ya que se caracterizan por ser completos. Somos personas completas y debemos ser capaces de controlar nuestros sentidos, no podemos separarnos de ellos. 


Pero cuando hablamos de los sentidos nos fijamos únicamente en su aspecto fisiológico, dejando de lado el aspecto psicológico. Son igual de importantes los dos aspectos, en el psicológico, podemos encontrar muchos sentidos que cuidan el equilibrio, la razón y las emociones de las personas. Nosotros como futuros maestros tenemos que educar a los niños para conseguir un equilibrio de ambos y así lograr la educación en los sentidos. 


Las personas recibimos diferentes percepciones de los estímulos y las gestionamos y recibimos de la mejor manera posible. Para cada uno de nosotros, los sentidos marcan muchos procesos mentales propios de nuestro comportamiento como humanos. Buscamos el bienestar y el equilibrio emocional. 


Como futura maestra debo destacar que educar a los niños a controlar estas emociones y estímulos es algo primordial, algo que en el libro llaman educación en los sentidos. Cuando hablamos de educar en los sentidos nos referimos al sentido común, a la razón, al sentido del equilibrio, al sentido del dolor o las emociones de cada persona.


Cuando somos capaces de disfrutar de nuestros sentidos, las personas somos más felices, pero hablar de varios sentidos hoy en día puede ser algo complicado o mal visto. En un aspecto fisiológico encontramos todos los sentidos. 


Encontramos el sentido del olfato, que me parece maravilloso porque gracias a él podemos distinguir los diferentes olores y retener en la memoria aromas diferentes que nos transportan a recuerdos vividos en nuestras vidas o incluso entrar a un lugar y que huela a bizcocho recién hecho, a las personas nos hace disfrutar. Sin el sentido del olfato, el sentido del gusto no funcionaría, el libro nos dice que debemos educar a los niños a disfrutar de estos sabores, tarea que no me parece fácil. Las personas la mayoría de las veces valoramos las cosas por los olores que producen y sin probar una comida somos capaces de decir que no nos gusta por su aspecto y por el olor que nos produce. El gusto es fundamental. Enseñar a los niños a percibir la forma de los alimentos, el color, el olor, el sabor, el valor nutricional y el valor de la vida, también es enseñar y educar. 


El sentido auditivo no se queda atrás, es el sentido más trabajador que tenemos todos los seres vivos, porque incluso durmiendo está funcionando. El oído es un sentido de interioridad y requiere silencio. El ruido del bosque, con el viento, los pájaros y el rio, tienen un silencio natural que reconforta y al que no estamos acostumbrados en nuestra día a día ya que sufrimos de contaminación acústica en las ciudades, esta contaminación tan indeseable puede provocar a las personas ansiedad, cambios de humor, agresividad, etc. A mí personalmente me altera el humor cuando paso mucho tiempo en Madrid. Por eso las personas buscamos un espacio natural que sea especial para nosotros para volver a conectar con nuestro yo interno en silencio y armonía. Yo tengo la suerte de vivir en la Sierra y poder disfrutar de muchos momentos como estos. Los niños deben descubrir el equilibrio de la naturaleza para dejarse influenciar por él.


El sentido del tacto es extraordinario ya que es un sentido que envuelve. La piel tiene un papel fundamental para las sensaciones táctiles, el contacto físico en general, como la caricia, o el sentimiento de sentirse abrazado es fundamental para el ser humano tanto física como psicológicamente. Nos proporciona felicidad. Y aquí entra el equilibrio mental ya que es una de las claves de la felicidad. La mente es muy poderosa y despliega un poder sobre nuestra salud, emociones, actuaciones, sentimientos y valores. Es muy complicado conseguir total control mental porque siempre vamos a encontrar desviaciones y problemas por los que luchar. Debemos evitar tener malos pensamientos, sobre todo, pensamientos malos propios.  


Luego nos encontramos con sentidos que se pueden mal interpretar como es el sentido del humor, pero es un sentido muy necesario para las personas, nos ayuda a ver el lado bueno de la vida en algunas ocasiones. Tambien hablar de lo estético, ya que se manipula con facilidad y va cambiando según la sociedad. Con este tema se puede hacer mucho daño a las personas, sobre todo a los jóvenes por eso hay que trabajarlo con los niños desde que son pequeños. Las relaciones humanas están llenas de clarividencias lejanas de la realidad, de errores perceptivos que pueden llevar a la ruptura de las relaciones. Debemos enseñar a los niños el uso correcto del lenguaje, a quererse a través del cuidado personal, tratando de equilibrar las dimensiones de la persona y ejercitando la voluntad, no hacer solo lo que nos apetece o decir lo primero que se nos ocurra sin pensar en cómo se va a sentir la otra persona.  


Como futuros maestros debemos educar en valores, teniendo siempre en cuenta las experiencias y como percibe la realidad la otra persona. Debemos educar siempre con el positivismo, trabajar la inteligencia emocional desde la infancia y educar en la resolución de conflictos.


Debemos educar desde la ilusión, el esfuerzo, la confianza y la seguridad para desarrollar en los niños actividades motivantes y ganas de aprender. Con esto a los alumnos les podemos proporcionar un mejor equilibrio mental, el objetivo es conseguir que sean más constantes y no quieran abandonar situaciones que les cueste lograr a la primera. Debemos provocar que tengan ganas de intentarlo y conseguirlo. Les tenemos que dar motivaciones y no pensaran en que no valen y no pueden. Si esto se logra el equilibrio emocional y social vendrán de la mano. 


El desequilibrio emocional viene por muchas causas y tiene varias consecuencias. Debemos dar importancia al aprendizaje del control de las emociones, del control mental y de la reflexividad ya que permitirá a los niños vivir una vida en equilibrio. 


También debemos trabajar el pensamiento positivo y educar en la resolución de conflictos, como ya he dicho, buscando alternativas de solución. Siempre hay solución y si no la hay podemos vivir con ello, debemos eliminar del vocabulario de niños y adultos el “no puedo”. El equilibrio no consiste en hacer lo que los demás esperan, sino lo que realmente puedo hacer. Debemos ayudar a los niños a reconocer sus emociones, sobre todo las malas, tenemos que acompañarlos para que sean capaces de ponerlas nombre y determinen su intensidad - ¿Cómo estás? -Bien. - ¿Pero bien de contento, bien de triste, bien de enfadado?... Solo el conocimiento personal y el control emocional puede trasformar la ansiedad en sosiego. 


Como hemos ido viendo a lo largo del libro, educar en todos los sentidos que poseemos es una tarea difícil y bastante larga, que debemos empezar a trabajar con ellos desde bien pequeños. Pero es algo que no solo los niños deben trabajar, sino también los adultos ya que a veces se nos olvida cuidar nuestros comportamientos, reflexiones y formas de expresión en presencia de los niños o hacia otros adultos.

Claudia: Texto
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