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Como hemos podido observar a lo largo de este cuatrimestre en la asignatura de literatura y durante el mes en el que hemos estado de prácticas, la lectura es algo fundamental para el aprendizaje y para el desarrollo de los niños.


Los niños con los que yo he estado durante este mes, tenían 5 y 6 años. Eran unos muy buenos, en general un buen grupo. Destaco lo charlatanes que eran, les encantaba comentarlo todo, hablar y opinar de cualquier tema, y también les encantaba expresarse, si algo les pasaba con algún compañero, si algo personal les preocupaba, lo que fuese de ese estilo sentían la necesidad de compartirlo, pues expresándolo ellos se quedaban mucho más tranquilos.


Me di cuenta de lo positivo que es eso para el desarrollo psicológico, y para el bienestar emocional. Algo que también es muy bueno es el interés que mostraban por la lectura, siempre que sobraba algún ratito al acabar alguna actividad, les dábamos la opción de ir a jugar o leer individualmente, por parejas de hombro o en grupo algún libro, y muchos de ellos elegían esta opción antes que irse a jugar, aunque esta última opción también es correcta. Y les encantaba cuando llegaba la hora del cuento, la cual siempre solía ser por las tardes, disfrutaban mucho de esos momentos, incluso les sabían a poco, porque siempre te pedían más. Me acuerdo incluso de un día que me puse a leer con ellos, uno por uno, un cuento para que practicasen la lectura y algunos me pedían que querían repetir para leer más rato, ojalá nunca pierdan ese interés por la lectura.


Cuando llegaba la hora de inglés, la profesora siempre hacia la misma rutina, preguntar el nombre, que tiempo hacía y preguntarles por sus emociones, les decía que si estaban tristes, contentos, cansados, enfadados,… un día que se le pasó hacerlo los niños le reclamaron enseguida que ellos querían hacerlo, además que siempre participaban expresando en inglés como se sentían y haciendo los gestos. Si esto lo sumamos a la necesidad y a lo que les gustaba expresar en cualquier momento lo que sentían o lo que les pasaba, pues se me ocurrió leerles el cuento de “El monstruo de colores” pues es un libro que trata de las emociones y como ya digo que a ellos les encantaba expresarlas, pues supuse que sería una buena elección. Aunque es un libro paraliterario, era el que me dejaban contarles y además, como ya he dicho es un libro que a ellos les podía interesar bastante, con el que podrían identificarse y sacar algún aprendizaje.


Para contar este cuento, decidí emplear la estrategia de la narración del libro, pues creí que era mejor ir contándoles el libro en vez de leerlo, y a la vez les iría enseñando las imágenes, pues además de que me pareció que iba a ser una técnica más atractiva para los niños, también me di cuenta tras haberles observado cómo se comportaban cuando les leían un cuento, que iba a ser lo mejor, que vieran las imágenes cuanto más rato mejor, porque enseguida sino se ponían muy nerviosos y se levantaban de sus sitios para tratar de poder verlas, diciendo siempre “¡A ver, a ver! Que yo no lo he visto”. 


El cuento lo conté en clase, un ratito antes de que llegara la hora de comer, se encontraban sentados en la asamblea, en un semicírculo, la forma habitual en la que se les contaba el cuento, y tras yo haberles observado, la más cómoda para verles a todos y mostrarles bien las imágenes. Lo primero que hice fue enseñarles la portada y muchos de ellos se emocionaron al ver de qué libro se trataba, dándome a entender que ya le habían leído más veces y que les gustaba. 


Comencé a contar el cuento, mostrando todo el rato las imágenes, es decir, el cuento abierto y girado hacia ellos, mientras lo contaba hacía hincapié en las emociones y señalaba los dibujos donde aparecían los monstruos mostrando la emoción que se tratase en esa página en cuestión. Ellos cortaban el cuento, para ir haciendo los gestos dependiendo de la emoción que saliera en ese momento y a su vez algunos comentaban cosas tipo “yo estoy así, contento”, o “yo ayer sentía ira”, etc. Por lo que observaba que lo iban entendiendo y que se identificaban con alguno de los personajes, pues ellos en algún momento se habían sentido así. Les pregunté también que cuál había sido su favorito y cada uno decía según el que más se identificaba, porque lo argumentaban con “yo muchas veces estoy así”, algunos niños dijeron que su favorito era el último porque era el mejor que sentía todo.


A algunos niños les gustó tanto, que días posteriores pedían que se lo volviésemos a contar. Mientras que otros, yo creo que estaban un poco hartos, pues la verdad que es un libro muy “típico” y ya lo habrían escuchado muchas veces, por lo que estaban un poco saturados de esa historia, pero en general sí que tuvo muy buena acogida de primeras que yo lo conté.


Recalco que veo muchos estímulos al contar este libro, pues lo escuchaban, lo representaban, nos hablaban a cerca de sus gustos, etc. además que como ya he comentado, la emoción se veía a leguas, es que les encanta comentar y expresar lo que sienten, así que yo creo que por todo eso es cuento que les gusta tantísimo.


En cuanto a mis sensaciones, yo estaba algo más relajada la verdad, a mi era algo que me aterraba, no sé porqué la idea de tenerles que contar un cuento me agobiaba, sentía como que no iba a ser lo mío, además de que es algo bastante complicado, pues conlleva mucho más trasfondo del que se cree. Pero bueno, no era el primer libro que leía así que como ya había roto un poco el hielo en ese sentido, estaba algo más calmada, aún así son las primeras veces, así que supongo que ese nerviosismo que se te pone cuando llega el momento tardará en irse, pero cada vez que pasaba y me tocaba enfrentarme a leerles un cuento, trascurría mejor que la anterior, así que era algo que me enorgullecía y me ponía bastante contenta la verdad, pues al fin y al cabo ves que prosperas y que en este caso, el libro les gustaba.

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